Teología de la Familia, por José Granados. (I) Matrimonio: agradecimiento y dimensión relacional de la persona

Conversaciones con José Granados: primero de 4 artículos sobre la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II aplicada a la familia como comunión y relación.

Last updated on agosto 28th, 2023 at 12:14 pm

En estos tiempos tan apasionantes para el papel evangelizador de la familia, las palabras de José Granados* sobre la riqueza de la naturaleza de la familia y de su vocación divina a disfrutar de la presencia de Dios y a testimoniarla en derredor. En una larga conversación con un colaborador de IFN, sobre la familia, el matrimonio, y los estudios de la Teología del Cuerpo siguiendo el pensamiento de Juan Pablo II, analizó José Granados en lo que es un rosario de perlas para el corazón y el intelecto, la substancia de lo que constituye la teología de la familia cristiana como Imago Deo, “Imagen de Dios”.

EL INDIVIDUALISMO Y EL EGOÍSMO EN LA EUCARISTÍA Y EN EL MATRIMONIO, UN CÁNCER PARA LA COMUNIÓN

PREGUNTA: Previene Usted del peligro del individualismo en la vida de la Fe del cristiano. Ese individualismo afecta a la comunidad, que lucha también por vivir su vida conforme a Cristo con el mal ejemplo cuando no lucho por vivir según el plan de Dios. Así, es fatal la aceptación en mi fuero personal de la contradicción entre la vida que quiero llevar y la naturaleza del sacramento del matrimonio.

¿Qué valoración puede hacerme del buen ejemplo que da quien sabe y actúa en consecuencia al no recibir la comunión sacramental de momento, en un proceso de integración activa de su vida real a la enseñanza de Cristo, a la vez que participa junto a todos de la vida de la comunidad?

R.- «La persona humana está hecha para la comunión. Y esta comunión se vive plenamente en la Iglesia. Es una comunión no solamente interior, sino exterior y visible, porque afecta a nuestro modo relacional de vivir. El cristianismo no es una religión de la intimidad, sino una religión de la encarnación. Y todo esto se vive en la Eucaristía. Así, quien comulga no solo se une con Cristo en la intimidad, sino que se une corporalmente con Cristo, es decir, acoge en su vida el modo de vivir propio de Cristo y de su Cuerpo.

«San Agustín decía que cuando pronunciamos el Amén, al comulgar, no solo decimos: “sí, este es el Cuerpo de Cristo”, sino también “sí, yo soy miembro del Cuerpo de Cristo, y estoy dispuesto a vivir como viven los miembros de Cristo”. Por esta razón tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI enseñaron que no puede acercarse a la Comunión sacramental quien no quiere vivir de acuerdo con el modo de vida enseñado y vivido por Jesús. También Francisco, en Amoris Laetitia, ha enseñado una concordia estrecha entre la Eucaristía y el matrimonio (AL 318).

«Esto no significa que estos bautizados [quien no quiere vivir de acuerdo con el modo de vida enseñado y vivido por Jesús -Nota del Autor] estén excluidos de la vida sacramental de la Iglesia. Pues el sacramento de la penitencia es un camino, que empieza a actuar desde el momento en que uno se pone en marcha hacia Jesús. Amoris Laetitia insiste en esta mirada, para suscitar la confianza de que es posible volver. Precisamente y como menciona Usted en su pregunta, no acercarse a comulgar significa, para estas personas, entender la dimensión comunitaria de la vida cristiana. La renuncia les ayudará a ir dando pasos para recuperar esta dimensión. Como la Eucaristía, también el matrimonio es una vocación común dentro de la Iglesia».

«A IMAGEN SUYA LOS HIZO»: EL PROYECTO MARAVILLOSO DE DIOS PARA EL HOMBRE

P.- La familia y el matrimonio son Imago Dei, imagen de Dios, tienen una dimensión trinitaria: «lo que Dios unió…» ¿Se hace necesario ahondar en el estudio de la antropología, en concreto de la mujer, para entender lo que somos, para defendernos de los ataques a la mujer y la familia? ¿Cuál  es la aportación de los estudios de la teología del cuerpo[1][2], de JP II?

R.- «Hablar de antropología es hablar de verdad sobre el hombre. Existe una verdad sobre lo que es ser hombre, existe un proyecto sobre el hombre, un proyecto que no ha diseñado el propio ser humano, sino que se ha encontrado llamado a él, y por eso este proyecto es grande y le supera. Este proyecto es un proyecto magnífico. En la visión cristiana significa que somos imagen de Dios y estamos llamados a la plena unidad con Él y con los hermanos».

«El primer paso es aceptar que en la vida hemos recibido todo, empezando por una manera de ser hombre y mujer. La familia es el primer ámbito en que aprendemos a recibir. La familia es el primer ámbito en que entendemos que un don nos precede. Esto se ve, fundamentalmente, en el don del cuerpo, que es como la cifra de todo lo que no hemos elegido. Aquí radica el don de nuestros padres y hermanos, que nos son dados; de nuestro lenguaje, en el que somos acogidos y que aprendemos de nuestros padres…»

«LA MUJER SABE MEJOR QUE EL VARÓN QUE LA VIDA COMIENZA POR UN DON, POR ALGO RECIBIDO». LA COMPLEMENTARIEDAD SEXUAL ENTRE HOMBRE Y MUJER

R.- «Vemos entonces que hemos recibido también, como un dato fundamental, la diferencia entre el hombre y la mujer. Es un dato originario porque venimos de ella. Hemos venido a la vida a través, no de una voluntad aislada de nuestro padre o madre (lo que nos esclavizaría) sino de una relación entre ellos de la que ellos mismos no son señores, porque nadie se hace a sí mismo hombre o mujer.

«Esta relación con el propio cuerpo, este nexo fundamental entre el hombre y su propio cuerpo, la conoce y la firma de un modo único la mujer. Como enseñó san Juan Pablo II, ella sabe mejor que el varón que la vida comienza por un don, por algo recibido. Ella sabe que la transmisión de la vida debe ir unida a la experiencia del amor. Ella sabe mejor que el varón que el cuerpo tiene un significado. ¿No fue una mujer la primera que expresó aquella fórmula de fe, que Dios ha creado todo de la nada (2 Macabeos, 22,23)?. La teología del cuerpo de Juan Pablo II es un gran tesoro porque nos introduce en este lenguaje del cuerpo, que es el lenguaje del amor. Y, desde aquí, desarrolla una visión nueva de la persona, que no es ante todo un individuo aislado, sino alguien que procede del amor y que es llamado a amar».

«QUIEN SE LIMITA A RESOLVER CASOS DIFÍCILES, AL FINAL ACABA PENSANDO QUE LA FAMILIA ES UN GRAN PROBLEMA Y PIERDE LA ATRACCIÓN POR ELLA»

R.- «Es un tema muy importante el del matrimonio como imago Dei [3]. Hoy tendemos a subrayar que el modo de vida de las familias está muy alejado de la propuesta cristiana. A quien habla de estos temas se le acusa de idealizar la familia, de no pisar la tierra. Sin embargo, entender la gran vocación de la familia resulta esencial para la pastoral familiar. El primer anuncio nunca pueden ser los problemas y males de la familia. Quien se limita a resolver casos difíciles, al final acaba pensando que la familia es un gran problema y pierde la atracción por ella».

P.- Cuando en 2014 entrevisté al Dr. Joaquín Navarro-Valls, 23 años portavoz del Papa Juan Pablo II, me comentaba que la encíclica de San Juan Pablo II Familiaris Consortio es objeto de estudio en numerosas universidades del mundo, incluso no católicas, y que ello sorprendía muchísimo.

R.- «Es paradójico que, tras la revolución sexual, el eros haya dejado de tener atractivo. Quitándole al sexo su misterio, el misterio personal y el misterio divino, el sexo ha dejado de tener “appeal”. El filósofo Byung Chul Han habla hoy de la “agonía del eros”. Todo esto va de acuerdo con una extendida banalización del cuerpo. El cuerpo se ve como un límite a nuestra autonomía y, por tanto, como algo que hay que superar para hacer de ello instrumento de autoexpresión. Pero entonces se olvida algo fundamental del cuerpo y de su lenguaje: la capacidad que tiene el cuerpo para la relación y para el amor.

«La sexualidad es parte del lenguaje del cuerpo, y encuentra su sentido en el encuentro y la donación de sí a la persona amada. Por eso la sexualidad solo se vive verdaderamente dentro del matrimonio, como unión indisoluble de un hombre y una mujer, abierta a la transmisión de la vida. En esta forma de vivir la sexualidad se descubre la presencia de un don originario, que el hombre no se ha dado a sí mismo, y que nos conduce a reconocer al Creador. Por eso la Biblia ha unido el matrimonio monogámico e indisoluble con el monoteísmo, con la confesión del Dios único que da unidad a toda la historia desde el amor, y nos libra de la idolatría egolátrica. Esto quiere decir que entre el lenguaje de la familia y el lenguaje de la fe hay una relación que es decisiva para la nueva evangelización.

«Solo podemos evangelizar a Cristo si aprendemos a hablar del amor humano, y solo hablaremos bien del amor humano si lo abrimos a la presencia de Dios en Cristo. Esto es lo que entendió Juan Pablo II cuando dijo: la familia es el camino de la Iglesia. La obra del “Papa de la familia” sigue viva y lo seguirá, porque es la única que abre esperanza para un mundo cansado, la única que preserva la verdad del amor, es decir, su fuerza para unificar toda la vida de la persona y para generar futuro».

Continuará…

REFERENCIAS:

 [1] “Llamados al amor: Teología del cuerpo en Juan Pablo II – Amazon.es.” https://www.amazon.es/Llamados-amor-Teolog%C3%ADa-cuerpo-DIDASKALOS/dp/8483533731.

[2] “Llamados al amor. Teología del cuerpo Juan Pablo II | Amor Seguro ….” 16 Jan. 2016, https://www.amorseguro.org/blog/?p=1314.

[3] “Pontificium Consilium pro Familia – La imagen de Dios es la pareja de ….” https://www.familiam.org/pls/pcpf/v3_s2ew_consultazione.mostra_pagina?id_pagina=6241

* José Granados es Superior General de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María desde 2020. Profesor emérito de Teología Dogmática del Matrimonio y la Familia en el Pontificio Instituto Juan Pablo II, Sede Central (Roma), del cual fue vicepresidente entre 2010 y 2019. Fue nombrado por el Papa Francisco Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe (2013-2020), Consultor de la Secretaría del Sínodo de los Obispos (desde mayo de 2015) y Consultor del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida (octubre de 2018). Es miembro del consejo científico de las revistas Anthropotes, Revista española de teología y Gregorianum. De 2004 a 2009 enseñó en la sección americana del Pontificio Instituto Juan Pablo II en The Catholic University of America en Washington, DC. Se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (Premio Bellarmino). También es licenciado en Ingeniería Industrial por la Universidad Pontificia de Comillas (ICAI), Madrid.

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