La elección de Marine Le Pen como líder se produjo tras un congreso del partido en Tours, donde obtuvo el 67,65% de los votos frente a Bruno Gollnisch, sucediendo a su padre Jean-Marie Le Pen, que había fundado y dirigido el Frente Nacional desde 1972.
Esta transición le permitió iniciar una estrategia de «desintoxicación», distanciando al partido de las controvertidas declaraciones racistas y antisemitas de su padre, al tiempo que hacía hincapié en las políticas antiinmigración, el euroescepticismo y el proteccionismo, lo que ayudó a cambiar su imagen y a impulsar la ola más amplia de populismo conservador en Europa.
